Bodysex: subversión sexual.

La nueva fecha para Bodysex llego demasiado rápido. Apenas venía bajando del rush del que facilité en marzo y ahí estaba, de nuevo desnuda sentada en el círculo, lista para compartir un fin de semana con un grupo de mujeres valientes: tres desconocidas más una amiga con quien esperé muchos años para poder vivir este proceso de placer. Aún así, con todo y la incomodidad que se percibe en el ambiente los primeros minutos en lo que se acostumbran a estar desnudas, rápidamente nos acomodamos en nuestra propia piel y parecía que nos conocíamos hace tiempo. No lo dudaría, las diosas saben lo que hacen y siempre se configura exactamente el grupo indicado para sanarnos.




Como siempre, mientras hablábamos de nuestros cuerpos y nuestros orgasmos, con nuestras experiencias hicimos un repaso de la dinámica del sistema patriarcal y sus tecnologías para hacernos sentir insuficientes, hambrientas de aprobación aterradas del placer a pesar del anhelo que sentimos hacia él para mantenernos en la histórica opresión que atraviesa nuestros cuerpos.


El momento clímax de nuestro encuentro se dio cuando mostramos nuestras vulvas. Es asombroso estar inmersa en el proceso y sentir como la energía, las sensaciones, las miradas, las posturas, la atmósfera…todo cambia por oleadas. Percibía sus cuerpos tensos antes de pasar al frente y abrir sus piernas; las risas nerviosas y las miradas de miedo. Pero con humor y apapacho las invitaba a entrelazar sus piernas con las mías, acomodar el espejo y la luz frente a sus vulvas y recargar nuestros cuerpos entre sí. Con mi cuerpo intentaba mostrarles que no había nada que temer, que yo las contenía y podían lanzarse a explorar su historia y revelarse ante sí mismas.




Durante mucho tiempo los discursos sobre nuestros cuerpos se integraron en cómo nos vemos y nos sentimos sobre nuestras vulvas: anormalidad, suciedad, resistencia a los olores y los fluidos, temor a la enfermedad, etc. Esta vez, el particular miedo de manipular la vulva nos llevó a hablar de cómo nos adoctrinaron con tal desconfianza hacia nuestros cuerpos que para algunas, abrir sus vulvas, mover sus labios, estirar la piel o penetrarse parecía amenazante y lo que las llevaba a tener poco control de sus vulvas y por lo tanto, poco conocimiento de sus sensaciones, posibilidades y capacidades. Tal parece que olvidamos que quien tiene el control sobre esas manos que tocan sus vulvas, son ellas mismas y por lo tanto pueden controlar la presión, la intensidad o incluso detenerse si algo no se siente bien. Cada una tenemos el control de nosotras mismas si nos permitimos atravesar la amenaza patriarcal del castigo por hacer de nuestros cuerpos nuestros y arrancarlos del poder de otros.


Mientras observábamos la vulva de cada una, se contaban las historias construidas por otros sobe nuestros genitales. Al no tener una propia historia sobre nuestros cuerpos sexuales, la narrativa es apropiada por quienes tienen poder sobre nosotras y entonces se consolida la desconexión y el desconocimiento de nuestra principal fuente de placer: el cuerpo. Recuperar la mirada, las narrativas y las sensaciones de nuestras vulvas, marcó entonces el nuevo fundamento sobre el cual cada una se estaba reconstruyendo.





Iniciando el segundo día, el foco principal fue resolver todas las preguntas técnicas que la mayoría de las mujeres tenemos sobre nuestros orgasmos. ¿Cómo sé si tuve uno? ¿Cómo se sienten? ¿Qué pasa con la eyaculación? ¿Por qué no existe el orgasmo vaginal ni el punto g? Y un montón de preguntas mas que deseaban claro cómo se han construido una serie de mitos en torno al orgasmo que dentro del marco del sistema patriarcal, cada una terminamos traduciendo en fallas nuestras en lugar de contar con la posibilidad de reconocer que el modelo tradicional del encuentro sexual, al ser coitocéntrico, es androcentrista y misógino al no priorizar la estimulación de nuestro clítoris ni las posturas y movimientos que nos dan placer a las mujeres.


Con esa gran introducción decidimos romper dichos paradigmas con nuestras propias manos. Iniciamos el receso erótico masturbándonos e inaugurando nuestros orgasmos con una explosión de risas. ¿Qué más subversivo que ser una mujer sexual que se masturba con sus amigas, llega al orgasmo sin un hombre o pareja y no siente culpa. Por el contrario estábamos tan entregadas al placer que les pedí abrieran los ojos de vez en cuando para reconocer la belleza de nuestros cuerpos sumergidos en su estado natural de placer.



Casi flotando, pasamos a cerrar con el masaje grupal. En este momento suelo sentirme como la diosa Shakti. Un cuerpo que se funde en el calor de las manos de las mujeres que la han acompañado a sanar y de pronto olvido el límite entre mi cuerpo y el de ellas; ocho manos me contenían y me amaban sin palabras.

Cerramos nuestro compartir entre lágrimas, miradas de agradecimiento y sonrisas al mismo tiempo que nuestras manos se entrelazaban pidiendo que las mujeres que nos preceden, nos rodean y nos siguen, tengan algún día la oportunidad de conectarse así con su propio placer y con otras mujeres.


Gracias,


Ave fénix

Victoria

Bichi

Ürsula

Mia


El último taller de la temporada se llevará a cabo en Mayo en la Ciudad de México y ya no hay cupo.

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