Bodysex: Volver al círculo

Desnudez, vulvas, masturbación compartida, masaje, velas, vibradores, incienso...hace dos semanas volví a mi espacio seguro.


Bodysex esta en marcha otra vez y la vida se siente más bonita porque aunque no nos conozcamos, al finalizar este taller no queda duda: no estamos solas. Sabernos entendidas, conectadas y aceptadas nos da un piso firme y seguro sobre el cual construir experiencias sexuales libres, autónomas. placenteras.

Extrañamente, aunque había parado varios meses, no me sentía nerviosa como de costumbre. Era muy extraña y nueva esta sensación de fluidez, seguridad, confianza en mi misma y emoción. Hace 7 años que comencé, cuando no había referente de este tipo de trabajo en nuestro país, preparar un Bodysex era pesadísimo. Hoy los nervios y la incertidumbre se han transformado en cuiriosidad ¿Quien cruzará la puerta? ¿Cuáles serán sus historias? Qué reflexiones se desencadenarán en mi al escuchar sus experiencias? ¿Cuál será el punto de encuentro que nos mantenga unidas a partir de ahora?

Desde el inicio lo sentí. Al escuchar cómo se sentían con su cuerpo y orgasmos, un mundo de emociones me inundo. Quería aplaudir y gritar de alegría con cada experiencia que reflejaba su fuerza y valentía; me llenaba de ira al escuchar cómo el punto de referencia de nuestras historias se ha centrado en los momentos de violencia y abuso a los que nos han expuesto con lo que otros han decidido hacer deshacer de nuestros cuerpos.

Por eso, particularmente en esta ocasión estaba emocionadisima de ver nuestras vulvas. Sabía incuestionablemente que volver a la raíz, a esa parte de nuestro cuerpo que fue la primera en sernos negada, abriría una puerta para recuperar nuestros placeres, deseos y cuerpos.

Las historias evocadas desde el reconocimiento de nuestras vulvas eran considerablemente diversas pero al final, todas habíamos transitado por un camino de completo desconocimiento de nuestros cuerpos pasando por la inseguridad, confusión, dolor, culpa, miedo y vergüenza para desembocar experiencis vitales que fueron abriendo el camino de regreso a una misma.


Por ejemplo, observar nuestra vulva con amor y compasión. Nos negamos a seguir viendo nuestra vulva con asco y a tocarla con miedo. Con la fuerza y valentía requerida para un momento así, construímos la base de lo que estaba por venir.


En el segundo día hicimos de la masturbación nuestra resistencia. La historia de nuestra sexualidad no se acabaría en el sufrimiento causado y cómo fue superado. No caeríamos en la trampa de convertir en virtud el sufrimiento que lleva a la liberación, ese tan aprendido y repetido: “que bueno que paso porque así pude llegar a ser la que soy” no definiría nuestra historia, porque ninguna mujer tendría que sufrir para probar que merece ser tratada dignamente.