Bodysex: No estamos solas.


No hay nada que me sostenga más en esta vida que Bodysex. En medio de las exploraciones y alegrías más intensas ,hasta los dolores y pérdidas, Bodysex ha estado para sostenerme.


En ocasiones justo antes del taller, la vida me enfrenta a confusiones y preocupaciones; o simplemente a tristezas que me hacen sentir la necesidad de encerrarme en mi cueva a sanar. Sin embargo recuerdo lo que Bodysex hace por mí y mi cuerpo; cierro los ojos y siento como me dejo caer al vacío y de pronto, me encuentro rodeada de hermosas mujeres; nos escuchamos, nos observamos, reímos a carcajadas, lloramos, nos masturbamos y nos tomamos de la mano para continuar caminando.



Una vez más este mes, Bodysex me sostuvo. Muchos cambios de último momento retaron mi frustración y mi flexibilidad pero aún más mi miedo y mi aceptación. Desde el primer momento parecía que nos conocíamos de mucho tiempo ya, hablábamos sin parar. Sentí un golpe de energía en mi pecho conforme iban llegando y desnudándose, justo lo que necesitaba.


Este fue el Bodysex más largo, había tanto por compartir, tantas ganas de reflexionar y una inmensa hambre de hablar todo aquello que habíamos callado y que ahora al permitirnos ser vistas, encontrábamos el valor de sanar las vergüenzas que habíamos estado cargado.




Últimamente el espacio que más disfruto es observar nuestras vulvas. Hace tiempo me dijeron que era un momento en que se sentían maternadas por mí y esta vez, mientras veíamos nuestras vulvas una junto a la otra, recordé las palabras de Betty “somos las madres sexuales que nunca tuvieron.”


El terror a ser vista se siente en el espacio mientras nos acomodamos y abrimos nuestras piernas. Por eso para mí, recibirlas amorosamente mientras entrelazamos nuestras piernas y nos posicionamos frente al espejo es un momento que honro y anticipo con emoción. Sé que algo está a punto de transformarse en sus vidas desde la raíz más profunda y yo las sostengo recordándoles que están en un espacio seguro, nos cuidamos entre todas y no hay nada malo en lo que hacen, reapropiarse de sus vulvas y sus narrativas es lo mínimo que debemos exigir a esta vida, ser nuestras.

El segundo día, el terror se había disipado. Una de ellas trajo flores para el círculo. ¡Que hermoso es que entre mujeres nos regalemos flores! Ahora sí éramos completas, sin máscaras y sin esconder partes nuestras que tuvimos que fragmentar en este sistema lleno de violencias hacia nosotras.