Bodysex - La primavera de la masturbación

El primer taller del año llegó con mucha expectativa. Después de esperar tanto tiempo a poder reunirnos en persona de nuevo y sentirnos seguras de compartirnos en la desnudez, la emoción estaba a tope.


Cuando desempacaba todos los materiales que usaríamos, las sillas y las toallas; limpiaba vibradores y dildos, acomodaba las velas, los lubricantes y los aceites… mi hogar comenzaba a transformarse en el círculo que a tantas nos ha contenido, nos ha sanado y nos ha sostenido a través de los altibajos del camino de placer.

El día estaba perfecto para nuestro encuentro. La primavera naciente nos compartía un cielo azul, limpio y soleado; muy caluroso, perfecto para pasar el fin de semana desnudas, sudando y masturbándonos.



Pero primero lo más importante: abrazarnos. Como de costumbre las esperaba desnuda del otro lado de la puerta. Una a una fueron llegando y quitándose la ropa. En esta ocasión no percibía nervios en sus miradas, era emoción porque sabían que deseaban transformarse y que esta era una parada más en su proceso.


La sensación generalizada del grupo era que ya nos habíamos encontrado antes: ¿nos hemos visto antes?, siento que ya nos conocemos de algún lugar? Y aparentemente la respuesta inmediata era un rotundo NO. Sin embargo el pasar de las horas nos estarían mostrando que quizá desde la propia experiencia, quizá en otros momentos sin saberlo, ya nos habíamos conectado.


Iniciamos hablando de nuestros cuerpos y nuestros orgasmos. Nos permitimos hablar en toda la autenticidad y crudeza con la que nos hablamos a nosotras mismas, casi confesando que a pesar de la popularidad que ha tomado tema del amor propio, aún nos cuesta sentirnos cómodas y amorosas con nuestros cuerpos. En cuanto a nuestros orgasmos, escuchar la experiencia de cada una nos permitió entender y acuerpar que no hay nada malo ni insuficiente en ellos, sino que habían sido expropiados por el modelo tradicional del coito y cómo doble moral sexual patriarcal nos había hecho creer que algo estaba mal con nosotras por no experimentarlos “correctamente” en pareja.







Al pasar a observar nuestras vulvas, las emociones nos desbordaban, entre asombro y lágrimas, no solo descubríamos nuestra anatomía y una nueva forma de entender la estética y belleza de nuestras vulvas al observar la vulva de otras mujeres en vivo y a todo color, además reconocíamos la narrativa que se había grabado en nuestros cuerpos sobre la insuficiencia, la violencia y la desconexión con nuestra capacidad orgásmica y de placer.


Como siempre, esta actividad nos transforma y comenzamos el segundo día compartiendo cómo sentíamos nuestros cuerpos sanar a través de sensaciones corporales que nos hacían percibir nuestros cuerpos abriéndose al placer. Con una multitud de reflexiones en nuestro pecho, iniciamos el receso erótico, uno de los más divertidos y extensos que he compartido.


Mientras las guiaba en la práctica de respiraciones y movimiento que las conectara con cada parte de sus cuerpos involucrada en la construcción de nuestros orgasmos, el receso erótico comenzó sin avisar. Podía percibir las oleadas de placer con el movimiento de sus caderas y con la agitación de sus respiraciones por lo que no me quedó más que darles la bienvenida a la masturbación grupal. Ellas ya estaban navegando en su placer y después de acomodar una cadera por aquí, para que ella tomara mejor control de sus tensiones y relajaciones y reubicar un vibrador por allá, para que su glande clítoris experimentara sensaciones placenteras y no dolorosas… me incorporé al círculo para acompañarlas con mi propia masturbación y orgasmos. Solo de pensar en el portal que abrimos hacia el placer en ese momento, vuelvo a sonreír.



Los gemidos comenzaros a subir de tono, las respiraciones se hacían más profundas y los orgasmos comenzaron a fluir en olas de una hacia la otra. El placer intenso de las otras nos alimentaba la excitación, emoción y felicidad compartida. Nada como ver a una mujer disfrutando y alegrarte e inspirarte con su poder orgásmico. Mi emoción se fue a tope cuando junto a mí, ella comenzaba a eyacular, todas observamos su vulva fluyendo e inundando su espacio. Los mandatos sociales nos colonizaron por un momento pues ella se disculpó prometiendo lavar mi alfombra ¡justo en el momento que estaba disfrutando! En mi emoción solo dije: “¡calla y sigue! Este es mi templo de placer y est